En este libro,
el escritor peruano ya fallecido analiza la vida actual tan relacionada con la
imagen, con la apariencia, a través de muy inteligentes planteos. Vamos a
publicar algunas de sus expresiones porque, en verdad, hacen pensar:
“Solo un
puritano fanático podría reprochar a los miembros de una sociedad que quieran
dar solaz, esparcimiento, humor y diversión a unas vidas encuadradas por lo
general en rutinas deprimentes y a veces embrutecedoras. Pero convertir esa
natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas;
la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el
campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía
y el escándalo”.
“El bienestar,
la libertad de costumbres y el espacio creciente ocupado por el ocio en el
mundo desarrollado constituyeron un estímulo notablepara que se multiplicaran
las industrias de la diversión, promovidas por la publicidad, madre y maestra
mágica de nuestro tiempo. De ese modo, sistemático y a la vez insensible, no
aburrirse, evitar lo que perturba, preocupa y angustia, pasó a ser para
sectores sociales cada vez más amplios de la cúspide a la base de la pirámide
social, un mandato generacional, eso que Ortega y Gasset llamaba “el espíritu
de nuestro tiempo”, el dios sabroso y regalón y frívolo al que todos, sabiéndolo
o no, rendimos pleitesía desde hace por lo menos medio siglo, y cada día más.
La cantidad a expensas de la calidad”
“Cuando la idea
de la cultura torna a ser una amalgama semejante es inevitable que ella pueda
llegar a ser entendida, apenas, como una manera agradable de pasar el tiempo. (…)
Lo cierto es que la crìtica, que en la época de nuestros abuelos y bisabuelos
desempeñaba un papel central en el mundo de la cultura porque asesoraba a los
ciudadanos en la difícil tarea de juzgar lo que oían, veían y leían, hoy es una
especie en extinción a la que nadie h ace caso, salvo cuando se convierte
tambièn ella en diversión y espectáculo.”
“La literatura
light, como el cine light y el arte light, da la impresión cómoda al lector y
al espectador de ser culto, revolucionario, moderno, y de estar a la
vanguardia, con un mínimo esfuerzo intelectual. De este modo, esa cultura que
se pretende avanzada y rupturista, en verdad propaga el conformismo a través de
sus manifestaciones peores: la complacencia y la autosatisfacción- )…) Otra
característica de ella es el empobrecimiento de las ideas como fuerza motora de
la vida cultural. Hoy vivimos la primacía de las imágenes sobre las ideas.”
“En nuestros
dìas, en que lo que se espera de los artistas no es el talento, ni la destreza,
sino la pose y el escándalo, sus atrevimientos no son más que las máscaras de
un nuevo conformismo. Lo que antes era revolucionario se ha vuelto moda,
pasatiempo, juego, un ácido sutil que desnaturaliza el quehacer artístico y lo
vuelve función de Gran Guiñol”.
“La desaparición
de mínimos consensos sobre los valores estéticos hace que en este ámbito la
confusión reine y reinará por mucho tiempo, pues ya no es posible discernir con
cierta objetividad què es tener talento o carecer de èl, què es bello y què es
feo, què obra representa algo nuevo y durable y cuàl no es más que un fuego
fatuo. çesa confusión ha convertido el mundo de las artes plásticas en un
carnaval donde genuinos creadorses y vivillos y embusteros andan revueltos y a
menudo resulta difícil diferenciarlos.”
“El cine, la televisión
y ahora internet han ido dejando rezagados a los libros, los que, si las
predicciones pesimistas de un George Steiner se confirman, pasarán dentro de no
mucho tiempo a las catacumbas. Los amantes de la anacrónica cultura libresca,
como yo, no debemos lamentarlo, pues, si así ocurre, esa marginación tal vez
tenga un efecto depurador y aniquile la literatura del best seller, justamente llamada
basura no solo por la superficialidad de sus historias y la indigencia de su
forma, sino por su carácter efímero, de literatura de actualidad, hecha para
ser consumida y desaparecer, como los jabones y las gaseosas”.
“Pero nuestra época,
conforme a la inflexible presión de la cultura dominante, que privilegia el
ingenio sobre la inteligencia, las imágenes sobre las ideas, el humor sobre la gravedad, la banalidad, sobre
lo profundo y lo frívolo sobre lo serio, ya no produce creadores como Ingmar
Bergman, Luchino Visconti o Luis Buñuel”.